Suena el despertador, hoy toca madrugar.
De camino al trabajo.
Coger el atasco de tu vida (vamos, el de cada día) no tiene precio. Si utilizas transporte público pensarás: Viva la puntualidad! (ironía, por si no lo habías pillado). Subes. No cabe ni un alfiler. Hace calor y huele mal. Eres afortunado si no tienes que hacer ningún transbordo.
En el trabajo.
Ahí viene. Sí, es él, el "innombrable". Es ese jefe que te tiene puteado y que te pide que le hagas las cosas para ayer. Ése al que le tienes que reír las gracias (con la poca que tiene) y al que le tienes que implorar que no te eche. Pero el "innombrable" es listo, sabe cuándo le quieres pedir algo. Antes de que lo hagas, él se encarga de recordarte que la empresa está pasando por unos malos momentos, así te piensas dos veces si pedírselo o no.
Aunque piensas: en estos momentos en España hay 5 millones de personas que ni siquiera se pueden quejar de esto. ¡Tengo suerte!
¡Que vivan los compañeros de trabajo! Son los mejores. Suerte de ellos, amenizan el trabajo y te ríes con ellos del "innombrable". Además, tu currículum es mucho mejor que el suyo, y te admiran por ello.
En casa.
Después de unas cuantas horas aguantando a ese jefazo, llegas a casa (después de volver a pasar por el atasco o por el fantástico aroma del transporte público en hora punta, claro está).
Enciendes el televisor y ves a Matías Prats diciendo que las ayudas sociales (que se cree que existen, pero a tí nunca te las dan) se reducen. Dice que si vas al médico, si hasta ahora en urgencias tenías que esperar una vida, ahora morirás ahí.
Después de un día duro, te vas a dormir. Piensas que queda poco para el fin de semana y que por fin podrás ir a la playa. ¡Y en pocas semanas coges las vacaciones y irás al lugar donde siempre has soñado ir!
Al día siguiente vas al trabajo, se acerca el "innombrable" y después de darte una charla sobre cómo la crisis ha afectado a la empresa, te dice que lo siente pero tiene que despedirte. Le preguntas que por qué a ti. No quiere responder. Le insistes. Te dice que tus compañeros (sí, sí, esos que eran los mejores), le han dicho lo que piensas de él. Esos que eran los mejores te han vendido. Eres el 5.000.001. Adiós al viaje de ensueño...
Enciendes el ordenador, indignado, y te conectas a Facebook, Tuenti, para desahogar tus penas... pero después de leer todas las buenas notícias que les han ocurrido a tus amigos, de ver que ese que nunca creías que tendría novia pasa de "estar soltero" a "una relación", de que el inútil de clase ha encontrado trabajo, de ver que 30 personas publican que esa noche se van de fiesta, de enterarte de que al tonto de turno le han concedido una beca y de leer que ese que no tiene ni un duro se va de viaje a donde tu siempre habías soñado ir, te vas a ver la televisión.
El hombre del tiempo dice que el fin de semana lloverá. En ese mismo momento, te das cuenta de que la vida es una mierda.
Seguro que alguna vez has pasado por alguna de estas situaciones y has acabado pensando textualmente: "La vida es una mierda". Si no es así, tienes suerte (pero seguro que es así)!
(NO basado en hechos reales, soy estudiante, así que la historia es totalmente inventada. Escrito con la intención de dar un toque de humor a las situaciones más cotidianas, que suelen acabar con la famosa frasecita).